La primera generación de productos hechos con IA podría acabar como las primeras fotos de los móviles.

Los más veteranos seguramente recuerdan aquel momento en que los móviles incorporaron cámara.

De repente fotografiábamos todo. Abandonamos las antiguas cámaras digitales, las analógicas ya habían quedado atrás, y todo empezó a ser retratado: amigos, fiestas, cenas, viajes, momentos absurdos dentro del coche, escenas cotidianas que antes ni siquiera se nos habría ocurrido guardar.

Se abrió un mundo nuevo.

Hicimos miles de fotos. Como nunca antes.

Pero con el paso del tiempo se hizo evidente algo que al principio casi nadie vio.

La calidad de muchas de aquellas fotos era mediocre, a veces muy mala: imágenes hechas deprisa, sin atención, sin selección y, muchas veces, sin ningún criterio. Y una parte de todo aquello se perdió por el camino, olvidada en móviles viejos, discos duros rotos y carpetas que nadie volvió a abrir.

Aquella explosión fue real. Pero también lo fue el ruido.

Y con la IA tal vez esté pasando algo parecido.

En pleno hype, parece que todo el mundo programa. Que ya no hacen falta programadores. Que cualquiera puede construir productos, herramientas o software en cualquier momento y desde cualquier sitio.

Y sí, seguramente una parte de todo esto será valiosa.

Pero también es posible que, con el paso de los años, descubramos la otra cara de esta explosión: productos obsoletos demasiado pronto, soluciones de mala calidad, proyectos levantados sobre servicios que dejaron de pagarse, herramientas rotas, prompts perdidos, lógica que nadie entendía y código que nadie quería mantener.

Mucho de lo que hoy parece suficiente tal vez no envejezca bien.

Y mucho de lo que hoy deslumbra quizá termine perdido, abandonado o irrelevante.

Entonces recordaremos algo importante.

Que no era solo cuestión de producir más.

Era cuestión de comprender lo que se estaba construyendo.

De saber sostenerlo.

De entender por qué estaba hecho así, qué dependencias tenía y qué pasaría con ello cuando el entusiasmo inicial desapareciera.

Entonces quizá también entendamos que el problema nunca fue producir rápido.

El problema era confundir velocidad con solidez.

Porque generar más no garantiza construir mejor.

Y tarde o temprano, volverá a importar lo mismo de siempre: criterio, estructura, visión y responsabilidad técnica.